sábado, 15 de octubre de 2016


El PSOE y la CONGRUENCIA en el DECIR



No hablamos sólo con la boca. El cuerpo también habla, y lo hace con sus gestos, posturas, expresiones, etc., diciendo más que las palabras que emitimos. El lenguaje no verbal “habla más alto” y  da más información que el lenguaje verbal.
Nos impacta, positivamente,  nuestro interlocutor cuando apreciamos que tanto lo que dice (lenguaje verbal)  como el cómo lo dice (lenguaje no verbal) van en sintonía, es decir, expresan lo mismo. Nos impacta, negativamente,  nuestro interlocutor cuando apreciamos que no hay congruencia entre lenguaje verbal y no verbal.

Cuando es así, pasamos de las palabras y nos quedamos con lo que expresa de forma no verbal. Lo que "dice" el cuerpo es más sincero que lo que dicen las palabras. 


Y lo hacemos porque los humanos podemos elegir las palabras que queremos o no queremos decir, podemos manipular al otro con ellas,  pero, no podemos controlar,  de igual forma,  muchos de los gestos y expresiones que el cuerpo emite, no podemos manipular al otro con el lenguaje no verbal. Cuando apreciamos en alguien un gesto no natural, ensayado, lo detectamos enseguida. Todos diferenciamos claramente una sonrisa auténtica,  de una sonrisa artificial de azafata de TV5. Dicho de otra forma, somos más sinceros con lo que expresamos no verbalmente que con lo que decimos verbalmente. Perdonamos en nuestro interlocutor cualquier fallo por falta de preparación o competencia, pero, no perdonamos nada de aquello que nos suene a artificialidad.

Grabar a muchos de los portavoces del PSOE que salen estos días  por la TV, constituye todo un fondo de  fuentes de documentación  y  recursos,  para los que nos dedicamos a dar cursos y conferencias sobre comunicación, y ponerlos como ejemplo de la influencia del lenguaje no verbal.

Cuando antes salían diciendo “No es No”, y ahora tienen que salir diciendo “No es Sí” (no lo dicen de forma tan explícita pero,  en todo lo que dicen y, sobre todo, lo que callan,  implícitamente nos lo están diciendo), es muy difícil mantener la congruencia en el decir, por mucho que se haya ensayado y practicado. Al final su cuerpo les delata.

Con lo fácil que resulta dar libertad de voto a los diputados para que cada cual votase según su propia conciencia. Ya no sólo eso: permitir a nuestros representantes que ejerzan la democracia (¡menuda ironía!) en su esencia: un voto libre, secreto. 

¡Cuántos sapos hay que tragarse diariamente para mantenerse a flote y no caer en desgracia en un partido político! 

¿Qué compensaciones puede tener la política aún a costa de tener que  tragarse tanto  batracio? 

El dilema que creó el PSOE con sus formas de actuar, en estos momentos está adquiriendo la categoría máxima de los dilemas: se está convirtiendo en un dilema hamletiano: ser o no ser. Hay que recordarle a la déspota y autoritaria Gestora,  influida por barones y baronesas que: 

 “Las razones de la exigencia moral no apelan, pues, a la supervivencia del grupo, ni siquiera a la de la especie, sino al valor interno de los seres que no tienen precio sino dignidad” [1]

¿Cómo se puede obligar a alguien  a votar en contra de sus convicciones robándole, ya no su libertad y dignidad, sino su misma  alma? 

Alguno lo trata de intelectualizar y justificar recurriendo a Max Weber  y manipulando y enfrentando los conceptos de Ética de la responsabilidad y Ética de la convicción.

(...) "Una acción libre no es simplemente una acción impredicible porque ignoramos las causas por las que va a producirse, que puede ser el azar o la casualidad. Una acción libre es la que se produce por las razones que el sujeto tiene para actuar"[2]


El “circo” que nos está ofreciendo la política española ( políticos, medios de comunicación, debates preparados con una  intención previa, sabuesos de la anécdota con la intención de distraer y desviar la atención de lo que realmente importa,” mercenarios de la confusión” que hacen que muchos se queden mirando el dedo cuando alguien señala la luna), todo ello  lo podemos encuadrar dentro de la  tragedia griega, no me refiero a la Grecia actual, sino al  género teatral originario de la Antigua Grecia.  Reaparece Dioniso, dios de la vendimia, del vino, de la embriaguez, del éxtasis. Pero, también, el Dios de todas  las contradicciones que existen en el mundo. Se impone la verdad de Sileno. 

Claro que para sacarle dramatismo a la cosa, ¡qué sí lo tiene!, podemos recurrir a Nietzsche el cual nos recomienda no tomar partido: “Al contrario, una dosis de curiosidad, como la que despierta una planta extraña, junto a una resistencia irónica, me parecería una posición incomparablemente más inteligente”



BIBLIOGRAFÍA:

 [1]CORTINA, Adela, Neuroética y neuropolítica: sugerencias para la educación moral. Madrid, Tecnos, 2011, p.235.
[2]Ibid., p.181.

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