miércoles, 11 de enero de 2017


LA CORROSIÓN  DEL LENGUAJE







Sin conciencia (capacidad de darse cuenta) no hay comprensión.

Sin comprensión (entender) no hay motivación.

Sin motivación (energía) no hay acción.

Sin acción no hay evolución.

“Ser es hacer”


LAS PALABRAS TIENEN SIGNIFICADO

Cuando escuchamos una palabra o cuando la vemos,  captamos su significado. Lo que llamamos pensamiento (representación mental de un objeto), es justamente eso: el significado captado.

El pensamiento nos permite razonar. Todos conocemos personas que razonan bien y personas que razonan mal. Del razonamiento se ocupa la Lógica, la cual nos ofrece toda una serie de reglas prácticas para razonar correctamente. Facilita el raciocinio correcto y verdadero.

Cuando nosotros (sujetos) queremos conocer algo (objeto) , lo que sea, persona o cosa, ponemos en marcha todo un proceso psicológico que tiene como finalidad obtener una representación fidedigna de dicho objeto, ya sea este una persona, una cosa, una situación, un suceso, etc.  Con las palabras,  dado que expresan pensamientos y son los elementos fundamentales del lenguaje, construimos, cada uno de nosotros, nuestro modo de expresarnos y transmitir nuestros sentimientos y pensamientos.


LA UTILIZACIÓN DE LAS PALABRAS TIENE CONNOTACIONES

El lenguaje tiene un significado que sobrepasa al significado literal de las palabras. Con la connotación añadimos, a la palabra o a la frase, un significado diferente al suyo propio. Así, por ejemplo, muchas personas hacen un uso extenso de las connotaciones peyorativas. Valga como ejemplo “A la vejez, se acorta el dormir y se alarga el gruñir”.


El lenguaje siempre es un acto intencional, nos comunicamos con una intención previa. Cuando dicha intención consiste en poner de relieve, lo más fidedignamente posible, la realidad objetiva y verídica,  nos lleva a unos resultados. Cuando dicha intención consiste en  camuflar la verdad, mentir, engañar, los resultados son otros y muy distintos de los primeros. En el primer caso hablaríamos de algo noble, objetivo y congruente. Despierta en nosotros interés y respeto.  En el segundo caso nos referiríamos a algo indigno, deshonroso e ignominioso. Despierta en nosotros rechazo y desconfianza.

El lenguaje como acto intencional nos lleva a que todos lo utilizamos en función de nuestra propia conveniencia. Los políticos son un ejemplo claro de esto que decimos. Pero, no solo ellos. Los medios de comunicación, las religiones, los profesionales del derecho, de la economía, etc., todos caemos en lo mismo. Podemos decir que no vemos las cosas tal como son exactamente, sino, de algún modo, como queremos que sean.

“No vemos las cosas como son, sino como somos”. Jiddu Krishnamurti


La objetividad de la que solemos presumir está reñida con lo humano. No somos objetos sino sujetos, y por lo tanto subjetivos. Ya no sólo a nivel individual, sino que incluso  ya es cuestionada hasta la  objetividad científica, y ya se habla, más que de objetividad de “intersubjetividad” (acuerdo entre la mayoría de los observadores).

“Lo que un observador ve, esto es, la experiencia visual que tiene un observador cuando ve un objeto, depende en parte de su experiencia pasada, su conocimiento y sus expectativas”. [1]






No hay más que escuchar en los debates televisivos a los diversos economista y observar  como sus pensamientos, su razonamiento, no se rige por la lógica sino, fundamentalmente, por el paradigma económico en el que han sido formados y defienden. Lo mismo ocurre con los políticos y su ideología, conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona o una colectividad.
“Los hechos, la realidad, los interpretamos con relación a nuestros esquemas de pensamiento”.

NO TODO VALE


Esto que acabamos de exponer, no nos debe llevar a la conclusión de que es válida y lícita cualquier utilización del lenguaje. Como en  todo, también aquí aparecen las tan mencionadas líneas rojas. Cuando se traspasan, lo que ocurre cotidianamente en el lenguaje político, debe saltar la alarma.

Se traspasa la línea roja cuando se miente con tal descaro que hace sonrojar,  no al hablante (que a veces se pronuncia con tal descaro, cinismo y atrevimiento que parece que no tenga vergüenza), sino al oyente.Nos hacen sonrojar de vergüenza ajena. Cuando ya no es que haga gala de una extrema subjetividad,  sino que recurre a  la distorsión manifiesta de la realidad. Cuando de forma sistemática se dice una cosa y luego se hace justo la contraria. Cuando… Diariamente podemos encontrarnos con múltiples ejemplos de todo esto. 

Una manifestación clara de esta corrosión es el extendido  empleo de eufemismos en el lenguaje político.  Ya no se habla de subida de impuestos sino de “cambio de la ponderación de los impuestos”; ya no dicen robo sino “desvío irregular de fondos”; jamás dicen bajada de salarios sino “”devaluación competitiva de los salarios”; la guerra quedó en desuso y sustituida por la “intervención militar”. La subida de impuestos es sustituida por el “recargo temporal de solidaridad”; no hay recortes sino “ajustes”. A los inmuebles embargados se les denomina “activos adjudicados”; a la crisis “acumulación de desequilibrios económicos; a los recortes “ajustes”, a las pérdidas “incremento negativo”. Imponer el copago pasa a ser “introducir un tique moderador”; a la subida del IVA, “modificar la imposición al consumo. ¡Manda huevos!, que diría un personaje del que todos hablan estos últimos días y que es un prototipo del político depravado y prepotente que se considera impune e invulnerable.  Llegamos así, a una triple corrosión  del lenguaje: desde el punto de vista lingüístico, desde el punto de vista ético y desde el punto de vista social.

¿Estaremos ante la versión moderna de la Torre de Babel?
 ”Pues bien, descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros». Génesis 11:1-9
Ya no necesitamos a un Yahvé enfadado, sino que nosotros, por nuestra propia cuenta, estamos construyendo una sociedad incomunicada.




Los fines del eufemismo son cuatro [2]:

1. Disfrazar lo feo de bonito o neutro.
2. Disfrazar lo fácil de complicado.
3. Disfrazar la vacuidad de palabrería.
4. Disfrazar lo concreto de vaguedades.





Juan Antonio González Iglesias, profesor de Filología Latina en la Universidad de Salamanca, considera que el lenguaje es fundamental en la vida política y que por esa misma razón está “obligado a ser riguroso y respetuoso”. [3]
 Eugenio Trías, filósofo, ataca a los que utilizan una retórica llena de agravios, lo cual se debe, según él, a una  “falta de cultura y a una utilización banal de términos que tienen un sentido preciso en su contexto, pero que fuera de él lo único que denota son carencias culturales y de educación básicas”. [4]

Lo grave de todo esto, es que en contra de lo que pensábamos antes,  de que los humanos como seres lingüísticos utilizábamos el lenguaje de forma pasiva para describir la realidad, para hablar sobre las cosas, para describir el mundo exterior que percibimos y expresar lo que pensamos y sentimos en nuestro mundo interior, hoy en día al lenguaje se le atribuye una función generativa, es decir, el lenguaje hace que sucedan cosas.


"El lenguaje, por lo tanto, no solo nos permite describir la realidad, el lenguaje crea realidades. La realidad no siempre precede al lenguaje, éste también precede a la realidad. El lenguaje, postulamos, genera ser”. [5]

La cosa no acaba aquí. Debemos tener en cuenta que “lo social”, lo construimos los humanos a través del lenguaje, que todo hecho social es un fenómeno lingüístico.
La manipulación mediática del lenguaje no solo se manifiesta en el neolenguaje orwelliano. [6]

La utilización del  habla  para controlar y definir el pensamiento de la población, para distraer a la gente de lo importante y canalizar su atención hacia la anécdota, es un tema de actualidad candente.

Para terminar,  decir que  "La CORROSIÓN  del LENGUAJE lleva a los  COMPORTAMIENTOS de CORRUPCCIÓN".
 Así titularemos una de las próximas entradas en nuestro blog.



 BIBLIOGRAFÍA:


 [1]CHALMERS, A.: ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? Madrid, Siglo XXI, 1982.

[2] http://www.fund-encuentro.org/informe_espana/indiceinforme.php?id=IE19


[3] Manrique, W., “La crispación destroza el lenguaje”, en El País, 27 de marzo de 2006.


[4] Ibíd.


[5]ECHEVERRÍA, Rafael.: Ontología del lenguaje. Buenos Aires, Granice, 2006


[6] (Toledano Buendía, S. (2006). La neolengua de Orwell en la prensa actual. La literatura profetiza la manipulación mediática del lenguaje. Revista Latina de Comunicación Social, 62. http://www.ull.es/publicaciones/latina/200601toledano.htm



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