viernes, 3 de marzo de 2017


Construyéndote (1)

Aplicación  práctica del OPTIMISMO FUNCIONAL

 ConociéndoTE


Podemos sostener que, en general, todos tenemos los recursos necesarios para alcanzar aquello que nos proponemos, siempre que lo hagamos bajo el prisma de “la mirada en el cielo y los pies en la tierra”, es decir, siendo realistas, enfocándose en un optimismo funcional y escapando del optimismo de "pandereta".  Unos consiguen sus metas y se sientes satisfechos; otros,  no las consiguen y se sientes en permanente frustración. Hay, también,  quién ni tiene metas, ni propósitos ni objetivos,  y navegan por la vida  en constante confusión y desorientación.

Parte de la explicación puede estar  en lo siguiente:

1. Hay personas que no son conscientes de los recursos que tienen.
2. Hay otras personas que sí son conscientes de los recursos que tienen, pero, no saben cómo utilizarlos de forma efectiva.
3. Hay, también, personas que tienen los recursos, saben cómo utilizarlos, pero no quieren utilizarlos.
4. Otras personas  son conscientes de los recursos que tienen, saben cómo utilizarlos, quieren utilizarlos, pero,  no los utilizan   y  no están satisfechos con lo que obtienen.
5. Finalmente, hay personas que son conscientes de los recursos que tienen, saben cómo utilizarlos, quieren utilizarlos, los utilizan  y están satisfechos con lo que obtienen.

¿En qué grupo te ubicas tú?

 Yo soy yo y mis circunstancias”. Esta frase, tan repetida y que todos escuchamos alguna o muchas veces, pone el énfasis en las circunstancias, en la resignación, en la reacción, en la falta de control que tenemos sobre lo que nos sucede, en que cada uno somos como somos, en que tenemos la situación que tenemos  y en que hay muy poco que hacer, salvo el conformarse.  Detrás de ella están otras que también todos escuchamos, o incluso dijimos,  tales como “Yo soy así”, “Yo nací así”, “no hay nada que hacer”, “las cosas son como son”, “todos tenemos un destino predeterminado”, “hay que resignarse” etc.

¿Eres de los que utilizan, de forma habitual,  frases de este tipo?

En mi infancia,  los  “ilustrados” de la época   lo repetían muchas veces: “yo soy yo y mis circunstancias”. Nos lo decían para que no intentáramos  modificar o cambiar las  circunstancias y nos conformáramos con lo que éramos y teníamos. No sé si era ignorancia o mala fe, más bien creo que lo primero. Es probable que estuvieran  convencidos de que era lo mejor para todos.

¿Conocerían la frase completa de Ortega y Gasset? : “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. En el supuesto de que la conocieran completa, ¿alcanzarían a ver su significado? ¿Entenderían que hay que abordar la vida desde la proactividad y no desde la reactividad? En el supuesto de que la conocieran completa y comprendieran su significado, ¿les parecería un mensaje revolucionario y pervertidor del orden establecido el intentar cambiar las circunstancias?

Hoy sigue habiendo  “ilustrados analfabetos” (valga el  oxímoron)  que mandan  mensajes similares, unos de forma explícita (Investigado el eurodiputado polaco que dijo que las mujeres son "más débiles, más pequeñas y menos inteligentes") y otros en forma subliminal.

Será por ello que está a la orden del día el victimismo. Encontraremos a un montón de gente culpando de sus males a las más diversas fuentes,  sin darse cuenta que como adultos responsables,   hacen acciones que tienen consecuencias. Si no le gustan las consecuencias,  cambiar las acciones es más práctico que buscar culpables. Hoy más que nunca es necesario dejar de  lamentarse y pasar a ocuparse, es hora de trabajar en las soluciones.  No convertirse en “protagonistas paralizantes” poniendo nuestra atención en el miedo, la preocupación  y en lo incierto, sino convertirse en protagonistas activos  dotándonos de iniciativa y autonomía, vencer al miedo,  teniendo la valentía de decir lo que pensamos y aportando soluciones a las dificultades  con las que nos vayamos encontrando.

¿Qué rol adoptas en la vida: el de víctima o el de protagonista?

ConstruyéndoTE


A todos nos suena aquello de “Conócete a ti mismo”, como una frase, o mejor, un precepto, que se leía en el frontispicio del Templo de Apolo. En aquellos tiempos  aún no había ciencia. Surgía la filosofía  tratando de desterrar los mitos como forma de explicar la realidad. Si Sócrates viviese hoy, es probable que no eligiera   el precepto del Templo de Apolo como guía moral y lema de vida, como camino a seguir para alcanzar la propia madurez. Lo cambiaría por otro de podría decir: “Constrúyete a ti mismo”.  Por aquel entonces, no conocían lo que hoy sabemos, gracias a la ciencia, del cerebro humano: que cambia constantemente, que su bioquímica, su anatomía y fisiología, cambia día a día en función de sus interacciones con el entorno, con el medio ambiente en el que se desenvuelve.

A esto hoy la ciencia le llama “Plasticidad del Sistema Nervioso Central” y  supone que todo conocimiento, información, percepción sensorial que entra en el cerebro, opera en alguna medida, cambiándolo. Si  vais a un curso, no sois los mismos el primer día de curso que el último. De aquí que los cursos ¡siempre valen para algo! Por eso la formación no puede pensarse exclusivamente al servicio de las necesidades y requerimientos del sistema productivo. También, debe satisfacer necesidades de carácter cultural, social, ético y sobre todo de desarrollo personal, que no responden de manera única a las necesidades de los sistemas productivos, que también, sino  a necesidades humanas más amplias.

Todos entendemos que no nacemos totalmente hechos, que nos vamos haciendo, poco a poco,  a lo largo de la vida. Lo que no todos entendemos es el cómo nos vamos haciendo, ni tampoco, en qué medida depende de nosotros y en qué medida es fruto de la pura aleatoriedad.
Somos y nos hacemos con nuestras elecciones.  En nuestro estar en el mundo vamos obteniendo cosas del mismo y a su vez vamos perdiendo otras. Lo que incorporemos y lo que dejemos a lo largo del camino,  constituyen un balance indicativo de cómo nos van  a ir las cosas en nuestro trascurso vital.

Así,  tanto si nos referimos al ámbito laboral como al personal,   todos somos conscientes de que este exige de nosotros estar incorporando constantemente nuevas formas de hacer las cosas, nuevos conceptos y conocimientos, nuevos hábitos y formas de funcionar.  También, nos exige,  dejar en el camino anticuados esquemas mentales, hábitos que ya no son funcionales, viejas costumbres muy arraigadas y  manías que ya no nos dan satisfacción sino muchas molestias el mantenerlas. Esto,  algunos,  lo ven como un problema, mientras que otros lo ven como una oportunidad.

Por un lado están los que se apoyan en el determinismo genético,  mal entendido,  que  lleva a muchos a afirmar que son los genes los que mandan. No  tenemos nada que hacer.  Desde aquí vamos a partir de la premisa de que la “tómbola genética" que nos otorgó aleatoriamente un ADN formado en igual medida por nuestro padre y nuestra madre, la mitad de cada uno, tiene menos influencia  que la que nos otorgan los hábitos que hemos o no hemos incorporado  a nuestra vida. Digo lo de “tómbola genética” por qué no hemos tenido la ocasión de elegir ni a nuestro padre ni a nuestra madre. Los genes nos son dados,  pero,  los hábitos nos los damos nosotros a nosotros mismos.

Otros sostienen que la educación recibida en la primera infancia marca el resto del camino que nos queda por recorrer toda nuestra vida. Seguimos así en la misma, no tenemos nada que decir ni nada que hacer.

La ciencia nos dice que “somos fruto de la interacción genes más ambiente”. Las personas nos conformamos a partir de lo dado (genes) y de lo adquirido (ambiente). El dilema científico sobre ambiente frente a la herencia, de la  naturaleza frente al entorno,  es decir, tratar de dilucidar cuál es más importante en la construcción de uno mismo, si el ambiente o entorno (educación, cultura, familia, y todo aquellos elementos externos que puedan influir en nuestra naturaleza o herencia), viene de muy lejos [1]

Para tener una referencia de cómo está la cosa actualmente, podemos concluir así: En un 80 % de las personas, un 25 % son genes, un 25% es educación temprana (padres, maestros, etc.), y un 50 % es espacio para construirse, grado de libertad en el que cada uno puede decidir.
Al  20% de personas restantes, les ocurre que su educación temprana y/o sus genes le comen parcelas de su grado de libertad.

El título nos sugiere que  podemos construirnos a nosotros mismos siguiendo unas pautas previamente definidas y planificadas. ¿En cuanta medida? Como el sentido común nos señala, es difícil cuantificarla, pero, como el mismo sentido común nos sugiere, sin duda,  en  mucha medida. ¿Un 50%? [2]   

Lo cierto es que sí tenemos mucho de que ocuparnos. Entre ese mucho, y como prioritario,  está en hacernos a nosotros mismos. Esto pasa, en primer lugar, por creer en ti. Tener un rasgo de personalidad llamado “Locus de control interno”, es decir, estar convencido de que lo que obtienes en la vida, el cómo te va, depende de características personales tuyas (inteligencia, competencias, habilidades, esfuerzo, dedicación,  etc.).  En definitiva, tener la sensación de que controlas tu vida. Los de “Locus de control externo” creen que lo que obtienen y el cómo les va, depende de la suerte, los dioses, el mal de ojo, el jefe, del vecino,  etc. Y es por eso que no tienen metas, no se esfuerzan ni planifican su vida, puesto que nada de ella depende de ellos, sino de factores externos.

¿En dónde te ubicas?

La construcción de uno mismo se concretiza en  la mejora continua personal,  que tiene lugar,  cuando la persona cree en sí misma. Todo proyecto, objetivo o meta necesita tener cierto sentido de certidumbre. Está relacionado con la auto eficacia: las probabilidades subjetivas con las que calculamos las posibilidades de éxito en una tarea o proyecto antes de emprenderlo. Si estas son bajas, si nos falta el sentido de certidumbre, no tendremos la energía suficiente para llegar. Si las probabilidades son altas, si crece nuestro sentido de certidumbre, utilizaremos todos nuestros recursos, a veces, de manera insospechada. Por eso el primer paso es creer. [3]

Cambiamos, a lo largo de nuestra vida,  de forma de pensar y de sentir, cambiamos de personalidad, de motivaciones, de preferencias… Tu yo de hoy es diferente de tu yo de hace 20 años. Las percepciones que recibes ahora mismo, filtradas por tus percepciones anteriores, te van actualizando cada minuto, cada día. Los conocimientos sociales, éticos, profesionales, emocionales, a los que nos exponemos nos cambian, en mayor o menor medida, pero, siempre en alguna medida.

¿Cómo puedes tú dirigir este cambio no dejándolo totalmente al azar y a las circunstancias? Pasando del  “yo soy yo y mis circunstancias” al “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.  Seleccionando la información que procesas, exponiéndote a un ambiente moral, social, intelectual que te enriquezca, mejorando tu  nicho ecológico. En uno de los múltiples cursos a los que asistí en mi vida, nos contaron que un  pez (carpa japonesa) llamado Koi,  cuando se cría en peceras, alcanza apenas unos centímetros de longitud; cuando se crían en lagos, llegan casi al metro; finalmente, aquellos criados en el mar superan el metro de crecimiento.
El pez no puede cambiar sus circunstancias. Nosotros no sólo podemos sino que,  además, debemos cambiarlas.

¿A qué y a quién prestas tu atención (llave de entrada a tu cerebro)? [4]


DisfrutándoTE


Intentar hacer de nuestra vida el mejor de los proyectos posibles es lo propio de personas  inteligente. No conformarnos en cómo somos en un momento dado y luchar por mejorar,  buscando acercarnos, cada vez más, a lo que podemos llegar a ser, es una exigencia de todo ser humano. Nunca es tarde para ser quién podrías haber sido.
No dejarse apabullar por las circunstancias, teniendo presente que también estas son modificables, y que "si no salvas tus circunstancias, tampoco te salvas tú".
 Entender que la felicidad consiste en estar satisfecho con uno mismo,  lo cual logramos cuando constatamos que hay una correlación positiva, entre lo que has deseado y lo que has conseguido. [5]  



BIBLIOGRAFÍA

[1] RIDLEY Matt. Qué nos hace humanos. Taurus, Madrid 2004
[2] Ibíd.
[3] Decálogo de Autogestión: Cardar para progresar.
 [4]Decálogo de Autogestión: Cardar para saber mirar.
 [5] Decálogo de Autogestión. La práctica consciente te lleva a ser competente























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