martes, 11 de julio de 2017




LAS TRES EDADES









¡Feliz cumpleaños!
¡Mis mejores deseos para que te sigas manteniendo joven…!
Casi todos, a lo largo del año, echamos mano del repertorio de frases convencionales para desearle un feliz aniversario a nuestros semejantes.

Siempre nos referimos a lo mismo, a la edad cronológica, a esa que cae a golpe de calendario. En al artículo que comparto  invito a reflexionar sobre las otras edades, ante las cuales, la edad cronológica, la que se refleja en el DNI, va perdiendo cada día más valor. Hoy priman la edad biológica y la edad psicológica sobre las otras.

¿CUÁL ES TU EXPERIENCIA CON LA EDAD?

Todos cumplimos años, pero no todos lo percibimos lo mismo. La edad se mueve en dos mundos muy diferentes en los humanos: en el mundo inconsciente y en el mundo consciente. No nos preocupa ni nos acordamos apenas de ella cuando somos jóvenes. Es difícil marcar un tope de años para el límite de la consideración de “jóvenes”. Depende de cada persona. Lo que si es cierto, con carácter general, es que a partir de un determinado momento, que varía en función de cada cultura y persona, somos más conscientes de los años que cumplimos, de la edad que tenemos y de la rapidez con la que se esfuman los días. En mi caso concreto, la última cifra significativa que tengo en mi mente con respecto a mi edad, es la de 39 años. A esa edad emprendí un proyecto ilusionante que me absorbió 7 años sin ser consciente, en ningún momento, de cual era mi edad. De repente, retomé de nuevo mis años, en mi mundo consciente, y me di cuenta de que tenía 47 años, de que me acercaba al umbral de los cincuenta. Sí, ¡cincuenta!, con toda la carga emotiva que acompaña en nuestra cultura a semejante cifra.

Hasta entonces, mi tiempo vivido podía sintetizarse en una frase que escuché en una película, cuyo título no recuerdo, y en la que una madre decía a su hija:
“Tu reloj biológico debe de ser digital, porque no oyes su tic tac”.
De repente mi reloj biológico se había convertido en el viejo despertador del abuelo cuyo tic tac resonaba en la habitación, con tal intensidad, que era necesario amortiguar su sonido con un cojín puesto encima para poder dormir.

Otras personas tienen el primer encontronazo consciente con la edad a través de lo que llaman “crisis de la edad mediana” la cual, al parecer, asalta a todo ser humano en un momento de su vida que según algún experto oscila entre los 35 y los 50 años. Yo, en mi caso concreto, no soy consciente de este tipo de crisis. A partir de los 50 años sí me he dado cuenta de que la vida transcurre a gran velocidad.

¿QUÉ PASA CON LA EDAD?

¿Es tan mala como algunos sostienen?
 ¿Es, tal vez, solamente un artefacto social creado por una sociedad sin valores, totalmente hedonista, en la cual el culto a la juventud es lo que prima? 
¿Una sociedad que pasa de todo excepto de ganar dinero y gastarlo, que burla cualquier tipo de espiritualidad, desarrollo personal, ética, valores y otras palabrejas que no son otra cosa que “monsergas de los mayores”?
 ¿Será cierto que la edad, por sí misma, marca pautas de siniestro y desolación?
 ¿Qué hay de cierto con las tan mencionadas pérdidas de “facultades” de los mayores?

Conozco a personas que superan los 65 años y se mantienen muy bien. Incluso declaran sentirse felices. ¿Será que al vivir con una percepción de “ser feliz” el tiempo no deja huellas ni en el cuerpo ni en el espíritu (mente)? A mí no me cabe duda de que nuestras percepciones modulan nuestro cuerpo y nuestra mente. Las virutas que el tiempo deja tras de sí, no son las mismas si vivimos con una percepción positiva que si nos instalamos en la negatividad. No me estoy refiriendo al optimismo bobalicón y sin sentido tan predicado hoy en día en algunos foros. Un optimismo que predica el buen humor sin sentido, expectativas irreales y un positivismo doctrinario. Me refiero a un optimismo funcional que invita a pensar que, en buena parte, puedes controlar tu futuro a partir del esfuerzo que dedicas a crearlo según tus preferencias y deseos.

JUVENTUD, DIVINO TESORO.

Estamos hablando de la edad, pero, ¿que entendemos por tal?

 ¿Qué es la edad? 
¿Qué es ser joven?
 ¿Qué diría hoy Rubén Darío?

Yo considero que ser joven no es un periodo de la vida, sino, la vida misma en toda su extensión. Implica y lleva consigo, no un cuerpo sin arrugas, un DNI con pocos años, sino, un estado mental, una forma determinada de percibir la vida. Supone, sobre todo, maravillarse, ser capaz de admirar: quedar sorprendido, entusiasmarse, indagar. Supone, también, tener fe en ti mismo, el gesto abierto a todos los aires, la mirada clara y transparente en la que no existen telarañas que dificultan la visión. 

Conozco personas de 30 años que ya no tienen capacidad de asombrase por nada ni ante nada. Conozco a personas de 70 años que parece que cada mañana, cuando se levantan, estrenan el mundo. Que saben asombrase de lo cotidiano. ¿Cuál de los dos es más joven?
La psicología evolutiva, cuando aborda el desarrollo personal y social durante la vida adulta y la vejez, lo hace recordando que aun cuando hay razones legales y económicas para situar la vejez en los 65 años, (ahora a los 67 y dentro de poco ni se sabe, tal vez en los 80) no se puede considerar ésta sin tener en cuenta ciertos acontecimientos vitales y roles sociales. Considera la edad en función de los cambios que se producen en la misma y nos habla de distintos conceptos de edad: edad cronológica, edad biológica, edad psicológica y edad social. También maneja el término de edad funcional para referirse a los cambios en la capacidad de llevar a cabo tareas con el mismo nivel de eficacia.

Hay personas de edad cronológica (esa que cae a golpe de calendario) de 40 años, con hígados y otros órganos de 60 años. Tienen una edad biológica (estado celular y demás de cada organismo) que no correlaciona con su edad cronológica. Depende del estilo de vida que llevemos. Depende de en qué medida nos cuidemos y adquiramos unos hábitos sanos, lo que los clásicos llamaban virtudes, en contraposición a los hábitos malos o vicios. La predisposición a obrar bien (virtudes) que vamos adquiriendo a lo largo de la vida, terminan con crear nuestro carácter. Hace años la edad social de “jubilado” o la de “abuelo”, era sinónimo de persona renqueante y próximo a la muerte. Hoy hay abuelos con una esperanza de vida de 40 años por delante.

Desde el punto de vista psicológico, puede decirse que una persona es vieja cuando se ve a sí misma como tal. Mientras alguien siga teniendo curiosidad y capacidad de asombro no puede decirse, a mi juicio, que sea viejo, al margen de la edad cronológica que tenga. 

Jean-Jacques Rousseau nos habla de las 4 edades: edad de la naturaleza, edad de la fuerza, edad de la razón y de las pasiones y, por último, edad de la sabiduría.
Coincide con esta clasificación, la definición de vejez de Ingmar Bergman: 

“Envejecer es como escalar una montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, y la vista más amplia y serena”.

Saber aceptar y disfrutar con la edad que cada uno tiene es un signo de “mirada amplia” y madurez.


¿Cuándo nos olvidaremos de la edad cronológica y empezaremos felicitar a las personas por su edad psicológica?

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